Aspecto de león, corazón de ratón
No sé cuál es su nombre, pero eso no importa nada, es blanco, grande y algo viejo, como muchos hombres, pero no es un hombre, es un perro, un gran mastín hembra de dientes amarillos no afilados, de pelo sucio casi gris se diría.
Un mastín es un perro de presa, que asusta a todo el mundo cuando abre la boca y enseña los dientes, pero el mastín cuyo nombre no sé no abre la boca, ni enseña sus dientes.
En el ayer su cuerpo recibía uno tras otro las pedradas que le lanzaban desde el otro lado de la valla, por aquel entonces era aún fiero, tenía rabia y orgullo, ladraba amenazador y mordía los alambres de la valla, les hacía frente y huían de él.
Pero aquella valla era más fuerte que él, no podía romperla, le habían puesto delante un muro y, cobardemente, detrás de ese muro, alguien seguía lanzando piedras, uno y otro día y el fiero con su orgullo lo fue perdiendo, ahora cuando oía pasos se escondía en su caseta y ladraba, ladridos que también los fue perdiendo, ahora cuando oía pasos, se escondía en su caseta y ladraba, ladridos que también los fue perdiendo. Le habían quitado su valor, le habían hecho, ¿sumiso?, no, le habían vuelto cobarde, corría como un cobarde a esconderse de cualquiera, porque para él todos tiraban piedras, todos le hacían sufrir
¿Rencor? Debía de tenerlo, y también ganas de venganza, ¿verdad? .No. El no era un hombre y no conocía esos sentimientos.
Tenía miedo de perros de pequeño tamaño y con el rabo entre las patas, salía corriendo, al trote, despacio, se paraba y al mirar a los ojos del perrillo chico veía en ellos ganas de jugar. El perrillo chico corría a su alrededor moviendo la cola graciosamente y el mastín, con señales en su cuerpo que dejaban la carne libre comprendió : sólo quiere jugar.
El también quería jugar, era lo que mas deseaba y jugó, pero en su juego siempre había una mirada hacia atrás y un recuerdo y siempre dispuesto a huir ante un hombre, aunque no llevase en sus manos una piedra .
Hay hombres que son como este mastín del que no sé su nombre.
¿¡ Si no existieran las piedras .. ¡?
Un mastín es un perro de presa, que asusta a todo el mundo cuando abre la boca y enseña los dientes, pero el mastín cuyo nombre no sé no abre la boca, ni enseña sus dientes.
En el ayer su cuerpo recibía uno tras otro las pedradas que le lanzaban desde el otro lado de la valla, por aquel entonces era aún fiero, tenía rabia y orgullo, ladraba amenazador y mordía los alambres de la valla, les hacía frente y huían de él.
Pero aquella valla era más fuerte que él, no podía romperla, le habían puesto delante un muro y, cobardemente, detrás de ese muro, alguien seguía lanzando piedras, uno y otro día y el fiero con su orgullo lo fue perdiendo, ahora cuando oía pasos se escondía en su caseta y ladraba, ladridos que también los fue perdiendo, ahora cuando oía pasos, se escondía en su caseta y ladraba, ladridos que también los fue perdiendo. Le habían quitado su valor, le habían hecho, ¿sumiso?, no, le habían vuelto cobarde, corría como un cobarde a esconderse de cualquiera, porque para él todos tiraban piedras, todos le hacían sufrir
¿Rencor? Debía de tenerlo, y también ganas de venganza, ¿verdad? .No. El no era un hombre y no conocía esos sentimientos.
Tenía miedo de perros de pequeño tamaño y con el rabo entre las patas, salía corriendo, al trote, despacio, se paraba y al mirar a los ojos del perrillo chico veía en ellos ganas de jugar. El perrillo chico corría a su alrededor moviendo la cola graciosamente y el mastín, con señales en su cuerpo que dejaban la carne libre comprendió : sólo quiere jugar.
El también quería jugar, era lo que mas deseaba y jugó, pero en su juego siempre había una mirada hacia atrás y un recuerdo y siempre dispuesto a huir ante un hombre, aunque no llevase en sus manos una piedra .
Hay hombres que son como este mastín del que no sé su nombre.
¿¡ Si no existieran las piedras .. ¡?
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